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ACERCA DE LAS OLAS DE LA IZQUIERDA
EN AMÉRICA LATINA



En dos escritos, James Petras aborda, en dos diferentes momentos, el estudio de la izquierda en América Latina con una visión plástica, muy práctica. De ese estudio se derivan dos versiones del desarrollo de la izquierda, en una se refiere a cuatro olas y en otra a tres.

La versión de cuatro olas (1) es un estudio cronológico fundamentalmente; en él considera que la primera (1957-1967) comienza con la revolución cubana y los movimientos guerrilleros en Perú y Venezuela y termina con la muerte del Che, la consolidación de la revolución cubana y la derrota de algunos de esos movimientos; la segunda (1968-1976) se compuso de luchas urbanas de masas, movimientos guerrilleros y avances electorales en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y México y termina con una serie de golpes de estado que conducen a las dictaduras militares; la tercera (1979-1989) comienza con la revolución sandinista y la ofensiva popular en El Salvador y Guatemala y terminó con la derrota electoral de los sandinistas y los acuerdos de paz; la cuarta, iniciada en 1990 se basa fundamentalmente en las luchas campesinas en varios países. En la versión de las tres olas (2) (al parecer realizada posteriormente y con una visión más crítica), considera que en América Latina han existido tres olas de la izquierda. La primera tuvo lugar la de los años 60's y 70's, en la cual hubo dos estrategias principales: por un lado la lucha armada, que a veces se combinó con la lucha de clases (obviamente, a veces se dio como un proceso aislado de ella) y por otro la lucha electoral en la que a veces se combinaron las políticas de los sindicatos y de los partidos parlamentarios. La segunda surgió en los 80's, después de las dictaduras en Centro y Sudamérica, donde surgieron "primero como oposición al régimen autoritario y luego contra el 'orden del día neoliberal' "; muchas de estas fuerzas "...se atrincheraron en la política parlamentaria y comenzaron a asimilar políticas neoliberales de privatización, 'globalización', etc, Con el tiempo perdieron buena parte de su identidad como partidos de izquierda...", divorciándose progresivamente de las luchas de las masas populares; la tercera está compuesta de movimientos sociopolíticos, de los cuales la mayoría de sus militantes son de origen obrero o campesino, su liderazgo se ejerce de manera democrática, mantiene profundos vínculos con su base social, es contrario a los modelos verticales de dirección y se niegan a ser "correas de transmisión" o parte de los engranajes de los partidos parlamentarios. (3)

Es más útil la clasificación en las tres olas, porque es una visión de más largo plazo y atiende a diferencias fundamentales, aunque faltaría hacerle algunas modificaciones y agregarle algunas características para que representara la realidad de una manera más completa. Nosotros, coincidiendo con Petras en ese aspecto, proponemos una periodización que no sea estrictamente cronológica y que se centre en los aspectos clave de los proyectos revolucionarios, es decir, en el contexto internacional, en el objetivo estratégico, en la estrategia a seguir, en la composición social de las fuerzas revolucionarias, en las formas organizativas y en la relación con el movimiento internacional. De esta manera se está hablando de tres olas de la izquierda en América Latina.

En la primera, el contexto era el del máximo auge e influencia del socialismo a nivel mundial, en todos los aspectos, en tanto que en América Latina los gobiernos relativamente democráticos estaban dejando su lugar a gobiernos autoritarios y dictaduras a lo largo de todo el continente. En cuanto al objetivo, para la mayoría de las fuerzas el objetivo estratégico (a conseguir a corto plazo) era el socialismo y se consideraba que para construirlo era necesaria la dictadura del proletariado (entendida generalmente a la manera soviética). Por lo que respecta a la estrategia, era característica la contraposición entre la lucha armada y la parlamentaria, que en algunos casos llegó a ser mutuamente excluyente, pues ambas avanzaron cada una por su lado, atacándose pero teniendo éxitos, a veces momentáneos, como el triunfo electoral en Chile, la revolución sandinista, la consolidación de las organizaciones revolucionarias en Guatemala y El Salvador, la construcción de bases guerrilleras e incluso zonas liberadas en varios países, la construcción de partidos electorales que fueron ganando espacios políticos en algunos países. En lo que se refiere a la composición social hubo diferencias en cada experiencia, aunque por lo general en un primer momento en el que el campesinado fue la clase que llevó el peso fundamental de la lucha revolucionaria mientras que en otros momentos lo fueron los sectores urbanos (el movimiento estudiantil y popular y, en muy pocos casos, el movimiento obrero, como en Chile). En cuanto a las formas organizativas, imperó la forma centralista burocrática y caudillista unipersonal de dirección (tanto en las organizaciones armadas como en las parlamentarias, Chile parece ser la excepción). Por lo que toca a la relación con el movimiento internacional, fue característica la dependencia con respecto a los centros de poder internacional, tanto en lo que respecta al modelo a seguir, como a las alternativas y al apoyo logístico.

En la segunda ola, se inició el declive del socialismo a nivel mundial, en tanto que en América Latina, las dictaduras estaban dejando su lugar a gobiernos democráticos, bajo el influjo de la presión del neoliberalismo y de la misma lucha popular; en general se puede decir que el contexto fue de un amplio retroceso de la izquierda. Gradualmente la derrota de las dictaduras y el neoliberalismo se fue convirtiendo en el objetivo, acercándose los planteamientos de la izquierda en muchos aspectos a los de la centro-izquierda. Muchos de los grupos armados más importantes (como el M-19 de Colombia, el MLN de los Tupamaros de Uruguay, el FMLN de El Salvador, la URNG) modificaron su estrategia, adoptando la lucha electoral por considerar terminada la época de la lucha armada, en tanto que otros grupos siguieron en armas, aunque algunos crearon partidos electorales (como las FARC con la Unión Patriótica); varios grupos de izquierda que descalificaban la lucha electoral se sumaron o aprobaron proyectos electorales como en México, en Argentina, en Brasil, en Chile; todo esto se reflejó en un fortalecimiento de las formas de lucha legales y parlamentarias, pues los partidos formados a partir de organizaciones armadas o que alguna vez lo fueron alcanzaron importantes posiciones dentro del espectro de las fuerzas políticas (el M-19 y el FMLN llegaron a ser considerados la segunda fuerza en sus respectivos países, aunque esas posiciones han disminuido en importancia, pues de disputar las posiciones nacionales, ahora disputan con éxito solamente las locales, como el caso del primero, el FSLN es la segunda fuerza en Nicaragua) y, en algunos casos llegaron a ocupar posiciones de poder (convirtiéndose, en algunos, no en todos, en administradores del neoliberalismo). El campesinado fue la fuerza social más activa en la lucha popular, aunque en varios casos el peso fundamental de la lucha por el cambio se fue desplazando poco a poco hacia los sectores urbanos, sobre todo en los países en donde los procesos electorales se convierten en la principal forma de lucha. En la mayoría de las organizaciones revolucionarias continuó imperando la tendencia centralista burocrática aunque dejó de ser caudillista unipersonal, pues se inició una tendencia hacia la dirección colectiva (no por eso menos centralista y burocrática). La caída del bloque socialista y el debilitamiento de los países que podían prestar apoyo colocó a las fuerzas revolucionarias en la necesidad de basarse en sus propios esfuerzos, aunque, sin ánimo de ser crueles, puede decirse que, en realidad, las organizaciones que realizan la lucha parlamentaria siguen siendo dependientes, ahora del subsidio gubernamental.

En la tercera ola hay un dominio casi absoluto del capitalismo neoliberal, el mundo tiende a la unipolaridad, con la hegemonía absoluta de Estados Unidos en lo militar, político e ideológico, pero con el descenso de su poder económico ante Europa y Japón. Para las principales fuerzas revolucionarias, el objetivo a plazo corto y mediato es la derrota del neoliberalismo, pero acompañado de la construcción del poder del pueblo desde la lucha misma (algunos llamándolo soberanía popular, "mandar obedeciendo", otros Poder Popular, otros democracia simplemente); a largo plazo el objetivo de la mayoría de las fuerzas es el socialismo, pero radicalmente diferente del modelo soviético burocrático, uno democrático, humanista y libertario, considerando como necesaria una larga fase de transición hacia él. Existe una tendencia a combinar todas las formas de lucha, por eso se complementan las dos estrategias que durante mucho tiempo estuvieron separadas: la lucha armada y la lucha parlamentaria, además de que se combinan con un movimiento social amplio, pues la mayor parte de las fuerzas revolucionarias independientemente de cualquiera de esas estrategias que utilice mantiene algún tipo de relación con las otras (si no desde arriba sí desde abajo, pues es común la doble, e incluso triple, militancia). El campesinado es la fuerza social más activa en la lucha popular y no solamente como movimiento social, sino también como movimiento armado y en varios países la principal base de los partidos electorales es campesina. Las formas organizativas tienden hacia el ejercicio de la democracia, hacia una dirección colectiva, hacia la descentralización y el respeto a la autonomía, tanto con respecto a la lucha legal como a las unidades militares, hacia nuevas formas de liderazgo, en la que los dirigentes se encuentran más estrechamente unidos a los militantes, tanto a los armados, como a los del movimiento social. Se ha transformado en norma la autosuficiencia.

De "El marxismo a través del tiempo",
Comandante Insurgente Antonio, del ERPI.

NOTAS:

(1). Ver "El impacto político y social del neoliberalismo", de James Petras, en Página Web-http://fp.chasque.apc.org:8081/mln)

(2). Ver "Latinoamérica: la izquierda devuelve el golpe", de James Petras, en la página de Internet de "Rebelión".

(3). Ver la introducción de "Latinoamérica: la izquierda devuelve el golpe", de James Petras, en la página de Internet de "Rebelión".

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