ERPI

INTRODUCCION

 

 

 

 

(Revista semanal Milenio, Número 130, 6 de marzo de 2000, páginas 44-47)

Historias de la Coronel Aurora

La niña de dieces que terminó como dirigente del ERPI

por Norberto Espinosa Domínguez - fotos: Héctor Téllez

Eran alumnas de excelencia. En su familia hubo célebres gobernadores veracruzanos. Su padre fue rescatista de montaña. Pero un día, conmocionadas por la miseria de los indígenas de la sierra de Zongolica, Norma y Gloria Arenas decidieron emprender una lucha social que llevó a Gloria al penal de Almoloya. Ante el despliegue de soldados en la zona, un dirigente indígenadice con temor: "Nimosque aquí nos levantemos, si no tenemos ni para comer al día".

Orizaba.- Eran excelentes alumnas. unas superdotadas. Siempre sacaban dieces.

Norma y Gloria Arenas Agís sólo han dejado buenos recuerdos en la escuela primaria Sor Juana Inés de la Cruz, en la ciudad de erizaba, Veracruz.

Las dos niñas, y su hermana Martha, nacieron a finales de la mitad del siglo, hijas del matrimonio formado por Octavio Arenas de la Llave -un modesto empleado de la Cervecería Moctezuma- y Leonor Agís Moreno.

En ese entonces, la familia vivía en la calle Poniente 7 número 29 viejo, hoy 635, a la entrada del patio de la vecindad Sagrado Corazón de jesús. El excelente desempeño escolar de Norma y Gloria continuó en la escuela secundaria técnica número 84, luego en la carrera técnica agropecuaria del municipio úrsulo Galván, cercano a donde se encuentra la planta nucleoeléctrica de Laguna Verde, y más tarde en el instituto Tecnológico Regional de erizaba, donde además sobresalieron en actividades deportivas.

Aunque Norma no tenía un impresionante aspecto físico, "representó a la institución en una competencia nacional de atletismo", precisa el profesor de educación física, Mario Herrera Favila.

Todo estaba acomodado para que las hermanas Arenas emprendieran una exitosa vida académica. Pero un día de 1982, Norma y Gloria decidieron trabajar como promotores de la Conasupo en la Sierra de Zongolica. Norma conoció ahí al profesor de música Felipe Velasco Olmedo, con quien después tuvo un hijo, Emiliano, llamado así en homenaje a Emiliano Zapata.

La miseria que se derramaba por toda esta serranía veracruzana marcó para siempre a las jóvenes. En el municipio de La Magdalena iniciaron actividades en la defensa de los campesinos explotados por taladores y caciques, que les pagaban irrisorias cantidades por la madera que explotaban, su única fuente de ingresos para subsistir durante el año.

Al paso del tiempo tuvieron que admitir que su lucha y sus exigencias se iban por el desfiladero. Urgía tomar medidas de alta presión. Una mañana fría y nebulosa, el movimiento de las hermanas Arenas llevó a cabo la toma del palacio municipal de Magdalena.

De inmediato -por instrucciones del entonces gobernador Agustín Acosta Lagunes-, el entonces secretario general de gobierno Ignacio Rey Morales Lechuga envió a dos representantes: al licenciado óscar González Pérez y al doctor Francisco Javier Zamora Malpica, para entablar un dialogo y negociar la entrega.

Cuando los activistas se resistieron a entregar las instalaciones municipales, el gobierno estatal los amenazó con la cárcel. Ni así, dijeron.

Meses después, Norma Arenas Agís fue detenida por la "columna volante", un grupo policiaco que vigilaba la zona y protegía a los caciques que todavía hoy abundan en la sierra.de Zongolica.

Primero fue recluida en Fortín de las Flores, y luego en la cárcel municipal de Nogales. Decenas de campesinos con sus típicas indumentarias, descalzos, con los pies llenos de lodo y con el hambre a cuestas, decidieron rescatar a su representante, a cualquier costo y marcharon por las calles de Orizaba. Se multiplicaron las manifestaciones de protesta y circularon manifiestos de inconformidad, firmados por la organización que habían fundado, el TINAM: "Unión de Todos los Pueblos Pobres de la Sierra".

La presión tuvo efecto y Morales Lechuga puso en libertad a Norma, pero le advirtió que abandonara la lucha y saliera del estado de Veracruz.

A partir de ese momento se inició una rabiosa persecución permanente en contra de Gloria, Norma y su esposo Felipe Velasco Olmedo.

El párroco de la iglesia de Tequila, en la sierra de Zongolica, Salomón Lemus Lemus, era un aliado de esa lucha social. Con frecuencia recorría en un jeep los escabrosos caminos, las comunidades y rancherías, para cerciorarse de la explotación que infligían a los indígenas los caciques acaparadores de café, madera y monopolistas del transporte urbano, entre los que destacaba el finado Armando García Lebrez, así como Mario Alberto Zepahua Valencia, ex alcalde que hoy de nuevo busca la candidatura priista a la diputación federal, y Francisco García Hernández, Don Chico, en Tiaquilpa, padre de la actual coordinadora del programa del desarrollo integral de las sierras de¡ gobierno de Miguel Alemán Velasco.

La lucha social de Gloria Arenas Agís nació en Zongolica. Aquí creció el mito y el mote de la Coronel Aurora. En esta sierra veracruzana tomó cuerpo y vuelo hasta que fue aprehendida y recluida en el penal de alta seguridad de Almoloya.

Aquí surgieron a la lucha social ella y su hermana Norma, cuando eran unas jovencitas de no más de 20 años de edad.

Hace 18 años, junto con el esposo de Norma, Felipe Velasco; el esposo de Gloria, Jacobo Silva Nogales -con quien procreó una hija, hoy de 17 años de edad-, y el párroco Salomón Lemus Lemus, organizaron a los campesinos serranos y fundaron la TINAM, para emprender una lucha pacifica en defensa de sus habitantes.

Luego de que fueron reprimidos y amenazados para que abandonaran Veracruz, el grupo se esfumó. Nada se supo de su paradero y actividades, hasta el 23 de octubre de] año pasado, cuando la Secretaría de Gobernación anunció la captura y presentó ante la opinión pública a los presuntos dirigentes del Ejército Revolucionario Popular insurgente (ERPI), entre ellos, a Gloria Arenas Agís, Coronel Aurora, y su esposo Jacobo Silva Nogales, Comandante Antonio, presos con otros dos más en Almoloya.

Ésa, y no otra, es la razón del imponente y numeroso despliegue militar que invade Zongolica, veracruz, y que mantiene atemorizados a los habitantes, en su mayoría indígenas.

Los soldados -dotados con moderno armamento, equipo motorizado y tanquetas especiales- recorren la zona, donde se localiza el municipio de Tehuipango, que en las estadísticas negras aparece como el más pobre de la República Mexicana.

El síndrome zapatista mantiene tenso al gobierno federal. Que la guerrilla levantó por aquí sus escondrijos. Por eso la Sedena tiñó de verde olivo hasta las más alejadas cañadas.

La presencia militar "es injustificable e intimatoria", dice molesto julio Ateneo Vidal, dirigente de la Coordinadora Regional de organizaciones indígenas de la Sierra de Zongolica (CROIZ). "Nimosque aquí nos levantemos, si no tenemos ni para comer al día", dice Atenco.

En cambio, Javier García Colohua, alcalde de extracción priista de Tequila, coordinador de la Asociación de Municipios de la Sierra de Zongolica, asegura que la presencia del ejército "nos da seguridad a la población civil ante el temor de un brote de lucha armada o una masacre".

El miedo a la violencia social arraigó en la región desde los setenta, en que un enfrentamiento a tiros en pleno centro de Tehuipango dejó un saldo de más de diez muertos, lo que propició la llegada inmediata en helicóptero del entonces gobernador del estado, el extinto Rafael Hernández Ochoa,

Pero fuera de eso, Zongolica ha sido el adormecido escenario de los discursos más encendidos de candidatos del PRI a la Presidencia. En esta región, donde la miseria es tan lastimosa o más que en otras zonas del país, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León, anunciaron sus respectivos programas, Sedesol y Progresa.

En los esquemas de prevención contra levantamientos guerrilleros -que incluyó a Chiapas, Guerrero, Puebla, Oaxaca y Veracruz-, la sierra de Zongolica se clasificó como un punto prioritario.

 

El síndrome zapatista mantiene tenso al gobierno federal. Que la guerrilla levantó por aquí sus escondríjos.

Por eso la Sedena tiñó de verde olivo hasta las más alejadas cañadas.

Cuando en Orizaba se enteraron de la captura de Gloria Arenas Agís todo fue incredulidad.

Su tío Mario Arenas de la Llave, hermano de su padre Octavio Arenas, asombrado por la noticia que circulaba en todos los medios, reveló que sus sobrinas Norma y Gloria habían desaparecido desde hace muchos años. "Desconocíamos su paradero hasta que por televisión nos enteramos de su aprehensión", dice, y agrega que incluso, hace dos años, cuando murió su padre, no vinieron a su entierro.

"Su madre, mi cuñada Leonor Agís, vive en Canadá con su hija la menor, Martha, esposa de un ingeniero que labora en Pemex", comentó.

Don Octavio, el padre, falleció en agosto de 1 997. Tenía 72 años de edad. Pagador de la Cervecería Moctezuma, hace 30 años fue víctima de un espectacular atraco a mano armada ocurrido en el interior de la planta cervecero. Ya jubilado, se entregó a las actividades de rescatista voluntario de alta montaña en la Cruz Roja de Orizaba, donde aportó su experiencia y co~ nacimientos en varios auxilios; incluso fue creador de sistemas de descenso a rapel, "lo que le ganó mucha fama", cuenta su hermano Mario.

Las hermanas Arenas Agís descienden de gobernadores. Son bisnietas, por la vía paterna, del general Ignacio de la Llave, ex gobernador de Veracruz, nombrado Benemérito del Estado en 1863 y cuyo apellido se imprime a Veracruz-Llave. Por la vía materna, las hermanas son descendientes de Silvestre Moreno Cora, gobernador provisional del estado de Veracruz a principios de siglo y ministro de la Suprema Corte de justicia de la Nación.En un principio, como una presión por parte del ERPI, se difundió que la madre de Gloria Arenas, doña Leonor Agís y su hija Laura Arenas, se encontraban como desaparecidas, responsabilizaban a las autoridades y exigían su inmediata presentación. Pero días después, procedente de Canadá, apareció la progenitora de la revolucionaria Coronel Aurora, lo mismo su hija.

Al salir de una visita al penal de Almoloya, doña Leonor asegura sentirse muy orgullosa de su hija Gloria. Desmiente que sea una guerrillera, y la considera una luchadora pacífica y social.

Con aplomo, define: "mi hija no roba, no usa armas. Desde hace dieciséis años, ella y su hermana Norma se despidieron de mí en Orizaba. En ocasiones me llamaban brevemente por teléfono, preguntaban por mi salud sin decirme el sitio dónde se encontraban Me dio mucha tristeza encontrar ahora a Gloria con un uniforme de presidiario, acusada de guerrillera".

Norma, la primogénita de la familia Arenas Agís, acusada de ser también dirigente del ERPI, se encuentra escondida. Desde el clandestinaje, envió un comunicado para denunciar ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos la violación de las garantías constitucionales de Gloria, así como el maltrato de que es objeto en Almoloya.

"No me entregaré", fue lo último que mandó decir.

 

 

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